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ricardo cavolo: colores que nos emocionan, símbolos que nos descifran

Por Sebastián Gámez Millán

 

Ganador del concurso de portada Yorokobu en 2012, Ricardo Cavolo (Salamanca, 1982) es uno de los ilustradores más prestigiosos de España y con mayor proyección internacional. Sus murales, que son estallidos de colores y símbolos, se pueden contemplar en ciudades como Londres, Colonia, Moscú, Querétaro (México), Madrid, Montreal, San Petersburgo… Y se expanden en exposiciones y libros, pero también en botellas de tequila, en zapatillas deportivas, camisetas, pañuelos, chaquetas, pantalones, faldas… como un virus contagioso. Es la vitalidad y la pasión que transmiten sus imágenes.

 

No es fortuito: Cavolo trabaja mientras se siente en un estado de trance, poseído por un rapto similar al que describía Platón durante el proceso de creación de un artista, como un delirio. Por eso trabaja rápido, antes de que le abandone el hechizo. Esta es la razón de que, salvo contadas excepciones, no emplee bocetos: pierde la magia, la emoción de descubrir. Esto le emparenta con el arte naif. De hecho, no trabaja una paleta de color previa a una obra, sino que la va intuyendo a tientas durante la gestación de la misma. Reconoce que este método le impide que sus obras tengan acabados perfectos, pero no renuncia a la aventura de crear en acto.

 

Antes de que concluyera sus estudios en Bellas Artes y obtuviera el título de Técnico Superior en Imagen, Cavolo tuvo un maestro en casa que posiblemente decantó su vocación por las imágenes: su padre, que es pintor, y que, a pesar de que es muy difícil transmitir sin al mismo tiempo interferir en la formación de técnicas y recursos, a diferencia de la enseñanza académica, le ayudó a ir encontrando por su propia mano su camino, su voz, su estilo. Otra influencia decisiva de su padre es su pasión por los colores, palpable en las corrientes con las que alimenta espiritualmente la mirada de su hijo: impresionismo, post-impresionismo, expresionismo…

 

No obstante, Cavolo se nutre de numerosas influencias, entre las que cabe resaltar el cómic, los tatuajes, el arte tribal y primitivo, el arte románico… Se trata, por tanto, de un estilo ecléctico internacional, propio de la postmodernidad, época en la que conviven estilos muy diversos, algunos de los cuales parecen en principio opuestos e incompatibles entre sí. Se diría por ello que se aproxima a lo kitsch. Pero como ha argumentado el historiador y crítico del arte Juan Antonio Ramírez, uno de los primeros y principales reivindicadores del valor artístico de la historieta y el tebeo en la cultura hispana, “los principios del kitsch lo son también del arte”.

 

Ciertamente, a Cavolo no le importa el significado de la obra y, menos aún, cerrarlo. Por ello, ante las diferentes lecturas que suscitan sus imágenes, prefiere eludir la pregunta de qué significan. Su estilo se caracteriza precisamente por lo contrario, por el simbolismo, y su inagotable capacidad de abrir interpretaciones. Algunos de sus símbolos más recurrentes son los fuegos que pueblan sus obras y, especialmente, los múltiples ojos de las figuras humanas y de otros animales y elementos de la naturaleza, como si todo pudiera no solo ser mirado, sino también mirarnos… ¿Acaso es una concepción animista, panteísta o religiosa en el sentido espiritual del término? ¿No actuaríamos más éticamente si nos supiéramos en todo tiempo mirado por los otros?

 

Asimismo, sus obras, que parecen pinturas dentro de pinturas (pinturas-mundos con unos símbolos claramente identificativos) se componen de personajes, no pocos de los cuales poseen tatuajes en los que se cifra de forma secreta la biografía de ellos. Estas estrategias retóricas despiertan la curiosidad, nos incitan a aguzar la mirada, a concentrarnos, a indagar y recrear la obra a la vez que construimos interpretaciones de la misma. La pregunta qué significa una obra para el autor carece de sentido o, mejor dicho, su interpretación tiene un valor, pero desde luego no puede clausurar las distintas recepciones de los espectadores, que enriquecen cada pieza con imaginativas lecturas. Me pregunto hasta qué punto la vida de una obra no depende de sus recepciones.

 

Otro de los rasgos más singulares del estilo de Cavolo es el color, el uso de los colores, limpios y vivos, brillantes e intensos. Sus composiciones son explosiones de luces. Reconoce que sus obras procuran captar la atención antes por lo sensorial que por lo narrativo. Y esto se debe sobre todo al color. Si pensamos en una de las historias de la pintura moderna (pues, a decir verdad, ni la pintura ni ningún otro arte, puede reducirse a un relato), desde Delacroix a Rothko, pasando por el impresionismo, el post-impresionismo, el fauvismo y la llamada abstracción, es la historia de cómo el color va cobrando autonomía. Kandinsky, en De lo espiritual en el arte, anotó: “En general, el color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El ojo el macillo. El alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana”.

 

Por último, merece destacarse que Ricardo Cavolo cultiva múltiples técnicas y prácticas artísticas, desde la ilustración de libros a la pirografía, desde colaborar con el más famoso circo del mundo, Cirque du Soleil, que cambió su trayectoria profesional, a hacerlo con diseñadores de moda… Ha ilustrado libros de música, de cine, historias particulares, o JAMFRY, que puede considerarse una autobiografía. Actualmente expone en una galería de Londres “La herida del héroe”, donde podemos observar a personajes como Conan o Bart Simpson desde una perspectiva patética en lugar de épica, como héroes vulnerables que también tienen que lidiar con sus fantasmas y monstruos.

 

Cada vez le interesa más explorar el mundo de las emociones y de los sentimientos. Reconoce que el arte se encuentra vinculado con el autoconocimiento, la cura, el cuidado de uno mismo y de los otros. Sueña con seguir pintando murales por el mundo, como lleva haciendo desde hace ocho años, y pintar alguna iglesia, como hicieron Picasso o Matisse, entre otros. Pero lo hará a su manera, con su peculiar paleta de colores y los símbolos que distinguen su estilo.

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