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en portada: ilustrando música II (1990-2019)

Por Carol Arán

 

Los últimos años del siglo XX traen consigo el declive del vinilo, prácticamente reducido a la cultura de clubs, discotecas y DJs. La expresión artística de la portada del álbum queda limitada al discreto formato del CD, sin embargo es protagonista de una asombrosa multiplicidad de técnicas y estilos. Las nuevas tecnologías en ebullición han inundado el territorio haciéndose habituales, y comparten la escena con todas las disciplinas posibles: estamos ante el “todo vale” que caracteriza a los prolíficos 90.

 

La década se inaugura con una de las portadas más icónicas del panorama alternativo. Hablamos de “Goo” (1990), sexto álbum de estudio de la banda de culto Sonic Youth, cuya ilustración frontal, obra de Raymond Pettibon, está basada en una fotografía de la prensa británica de los años 60. La imagen, reproducida y explotada hoy día en todo tipo de merchandising, recoge el retrato de dos familiares de la asesina en serie Myra Hindley, inmortalizados en un coche, camino a declarar en el juicio como testigos. Los nuevos lenguajes dejan joyas como la misteriosa portada de “Dangerous” (Michael Jackson, 1991), apasionante y compleja obra de Mark Ryden, uno de los padres de Lowbrow. Sobre la idea de los antiguos pósters circenses, Ryden da forma simbólica a lo largo de 6 meses a los conceptos que el músico tiene en mente, dando vida a una de las portadas más inolvidables de la historia. El movimiento Grunge y su talante anticomercial y contracultural se filtra a través de incómodas ilustraciones de portadas como la de “Incesticide” de Nirvana (1992), realizada por el propio Kurt Cobain, o la de “Dookie” de Green Day (1994), creada por Richie Bucher al más puro estilo underground. La vertiente estética más delicada y vintage de la escena alternativa llega con hermosos trabajos como el realizado para “Mellon Collie and the Infinite Sadness” (Smashing Pumpkins, 1995), onírica obra del ilustrador John Craig, que sigue las indicaciones de Billy Corgan, líder de la banda, para crear un collage de inspiración clásica y celestial. También en España la creatividad desbordante se adueña de portadas como las originadas por Miguel Ángel Martín para el sello discográfico Subterfuge. El enfant terrible del cómic ibérico conquista frontales ilustrados con su inconfundible estilo de línea limpia y temática en torno a la violencia, la tecnología, la pornografía y la infancia.

 

A partir del año 2000, la rueda vuelve a girar y trae el reencuentro con el disco de vinilo, para regocijo de románticos y fetichistas. El nuevo siglo se viste de conceptual, afincado ya en el uso de los softwares, y se centra en el diseño gráfico y la ilustración, relegando a la fotografía a un papel más secundario. Un claro ejemplo del nuevo enfoque tecnológico es el diseño para la portada de “A rush of blood to the head” (Coldplay, 2002), trabajo de Sølve Sundsbø. Esta distintiva portada es fruto del azar técnico: el escaneo limitado a franjas de 30cms de una modelo genera la imagen accidental de un busto cortado a la mitad del rostro; hecho involuntario que termina siendo aceptado como la perfecta imperfección de la icónica portada. Pero el proyecto más novedoso en cuanto a música, artes visuales y tecnología es sin duda la formación de la banda virtual Gorillaz, creada por el músico Damon Albarn (Blur) y el ilustrador y artista multidisciplinar Jamie Hewlett. El grupo está formado por cuatro miembros ficticios, personajes de dibujos animados desarrollados por Hewlett, y supone una creación múltiple y sorprendente que aúna ilustración, música y animación, iniciada en el año 2000 y sin final hasta la fecha. La ya habitual colaboración entre músicos y creadores visuales de estilo consolidado genera portadas como la de Shepard Fairey “Obey” para el disco “Mothership” de Led Zeppelin (2007), o las de Takashi Murakami para los discos de Kanye West.

 

Sin abandonar las herramientas digitales, la nueva década arranca en 2010 con una vuelta a la imaginación creativa y artística, similar a la iniciada en los 60. Las propuestas pictóricas continúan viajando a través del sonido con interesantes portadas como la de “Forever Dolphin Love” (2011) de Connan Mockasin, autorretrato pintado por el propio músico de pop psicodélico. Surgen inesperadas colaboraciones, como la del artista urbano D*Face para el frontal de “Bionic” (Christina Aguilera, 2010), y las disciplinas artísticas parecen mezclarse en sintonías comunes con más armonía que nunca. Desde Argentina, Jorge Alderete vuelca sus ilustraciones de influencias pop retro, trash y underground en vibrantes portadas para Los Fabulosos Cadillac o Andrés Calamaro. En el territorio ibérico, ilustradores y músicos se hermanan dando lugar a trabajos de lenguajes frescos y originales, surgidos con el actual apogeo de la ilustración. Creadores como Sergio Mora, Joan Cornellà o Ricardo Cavolo producen portadas tan creativas como personales para bandas como Love of Lesbian, Wilco o Vetusta Morla.

 

En plena era digital, el disco continúa girando, ciclo tras ciclo, para asombro de todxs. Nuestro espíritu nostálgico no ha dejado escapar este invento maravilloso, afortunadamente, ni en la más salvaje revolución tecnológica, cuando todo parece ser un puro código de ceros y unos. Y ya no cabe duda, una de las razones más poderosas para esta curiosa permanencia del vinilo es el valor añadido de la portada, la guinda mágica del pastel, la clave definitiva para enamorarnos una y otra vez del soporte que hace las delicias de nuestra colección musical.

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