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pedrita parker: reírse de uno mismo para sobrevivir

Por Sebastián Gámez Millán

Paradójicamente, el ser humano es homo ridens, el animal que ríe, y a la vez la criatura del planeta Tierra que más se suicida, lo que sin duda es una anomalía zoológica, fruto quizá de su autoconciencia y de su libertad. ¿A qué se debe esta extraña ambivalencia? Uno de los más penetrantes filósofos-psicólogos, Nietzsche, escribió al respecto: “Quizás yo sé mejor que nadie por qué el hombre es el único ser que ríe; él es el único que sufre tan profundamente que tuvo que inventar la risa”.

Nuestra vida se parece en no pocas ocasiones al mito de Sísifo reescrito por Albert Camus durante la Segunda Guerra Mundial: estamos condenados a subir una y otra vez una roca a la cima de una montaña. Y al llegar arriba, volver abajo de nuevo, interminablemente. Es la repetición indefinida sin signos de progreso, es el absurdo de la existencia. Ante ello, ¿qué podemos hacer? Quizá tomárnoslo con filosofía o, lo que acaso equivale a lo mismo, con humor. El sentido del humor tiene el poder de afirmar y transfigurar, no la vida, trágica por definición y, por lo tanto, inexorable, sino lo que acaba siendo la misma, la representación de la vida. Una representación con la que podemos sonreír ante lo que nos hizo llorar…

Formulo estas consideraciones previas porque sospecho que las ilustraciones de Pedrita Parker son inconcebibles sin una idea antropológica del ser humano. Asimismo, una de las cualidades principales de su arte descansa sobre el sentido del humor, que también tiene el poder de ayudarnos a comprender y aceptar las contingencias con las que se teje la vida.
Entre las características de su estilo se observará que las imágenes no tienen plena autonomía por sí mismas, sino que dependen del mensaje verbal que las acompaña, al que ilustran con gracia y simpatía. En realidad, imágenes y palabras poseen aquí un valor equivalente, complementario: se iluminan mutuamente. Pedrita Parker tiene un estilo pop, desenfadado, ingenioso e irreverente con el que, desde cierta sabiduría de la vida acorde con “la confianza en sí mismo”, que reivindicó el filósofo pragmatista norteamericano Emerson, le da la vuelta a las mangas de los tópicos y de los lugares comunes, de los estereotipos y de los clichés.

Se diría que una de las razones de ser de sus ilustraciones son acompañarnos para potenciar nuestra confianza en nosotros mismos a la hora de actuar, pues con frecuencia, como ella misma indica, “la gente inteligente (está) llena de dudas y las idiotas llenos de confianza”. Son frases salvavidas con las que armarnos del coraje y el valor necesario para afrontar las inseguridades y adversidades del día a día. Tal vez se podría decir que son de “autoayuda” si no fuera porque en el fondo no hay nada que no lo sea y porque, a diferencia de otros productos así denominados, aquí no hay recetas infalibles ni soluciones definitivas… salvo quizá la risa.
Por eso no es fortuito que las ilustraciones de Pedrita Parker adornen los objetos que nos rodean en nuestra vida cotidiana: agendas, cuadernos, bolígrafos, bolsas, tazas, camisetas, pulseras… Como si fueran amuletos de la suerte. Pero de una suerte que en cierto modo está en nuestras manos o, si se prefiere, depende de nosotros mismos: de gestionar adecuadamente nuestro esfuerzo y nuestro talento.

 

En todo caso, el arma más poderosa de las ilustraciones de Pedrita Parker es el sentido del humor. Sin él me temo que muchos de sus consejos y recomendaciones se marchitarían como si se tratara de moralina. Es el humor, comenzando por la risa sobre uno mismo, lo que dota de fuerza persuasiva y simpatía sus ilustraciones, suscitando una sonrisa cómplice a nuestro alrededor. Y ya que empezamos, a propósito de la risa, citando a Nietzsche, concluyamos retornando a él: “¡Cuántas cosas son posibles aún! ¡Aprended, pues, a reíros de vosotros sin preocuparos de vosotros! Levantad vuestros corazones, vosotros, buenos bailarines. ¡arriba! ¡más arriba! ¡Y no me olvidéis tampoco el buen reír! (…) Yo he santificado el reír; vosotros, hombres superiores, aprenden de mi a reír”.

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