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lowbrow: del underground a la cultura de masas (parte1)

Por Carolina Arán

 

Si existe un movimiento cultural representativo en la escena mundial de la ilustración de los últimos cincuenta años, es sin duda el llamado Lowbrow art. Nacido en California a finales de los setenta, el arte Lowbrow surge de subculturas como la hippy, la punk o la del cómic underground, y crece y se establece a través de la pintura, la ilustración, el arte digital y la producción de juguetes de autor entre otros medios, hasta convertirse en la criatura de mil tentáculos que es hoy.

 

Imprescindibles para la fundación de este movimiento fueron galerías de Los Ángeles y Nueva York como La Luz de Jesús, la Psychedelic Solution o la Julie Rico, que apostaron por difundir una producción artística hasta entonces considerada fuera del circuito de las llamadas Bellas Artes. Como también fue fundamental para la explosión definitiva de esta corriente en los años noventa la creación de la revista Juxtapoz, a cargo del pintor, ilustrador y caricaturista Robert Williams, quien se supone fue el primero en acuñar el término Lowbrow.

 

También conocido como surrealismo pop, este estilo lleno de imaginación, humor y sarcasmo, padre de posteriores movimientos y subtendencias, se mueve en el límite entre las artes “mayores” y las “menores”. Muchos de los creadores Lowbrow han desafiado los rígidos parámetros del Highbrow: son autodidactas, o provienen de disciplinas en teoría no incluidas en las Bellas Artes como la ilustración o la historieta. Por ello su producción ha sido excluida en el entorno de la crítica y la academia, que ha puesto en duda continuamente su legítimo valor artístico. Sin embargo es en esa vocación underground donde reside el mayor encanto del Lowbrow, que finalmente ha conquistado el mundo internacional del coleccionismo y de las galerías de arte de la actualidad, derribando todas las barreras elitistas y academicistas.

 

En la ilustración Lowbrow encontramos reminiscencias de movimientos anteriores como el dadaísmo, el surrealismo, el arte psicodélico o el arte pop, e influencias de todo tipo de elementos: publicidad, animación, cómic, juguetes, propaganda, arte religioso, erotismo gráfico, ciencia ficción, arte urbano, tatuaje… Un universo que ha impulsado el renacimiento de las artes clásicas y las técnicas tradicionales para ponerlas al servicio de la cultura popular. El trabajo de los ilustradores Lowbrow más representativos rompe con lo establecido, encaminándose hacia dos circuitos opuestos en principio: el de la ilustración comercial y los productos de merchandising, y el de la obra original y las impresiones de edición limitada para galerías. Entre estos dos caminos se encuentra el trabajo del estadounidense Mark Ryden, el gran ilustrador del Lowbrow y uno de los padres de esta subcultura, conocido tanto por sus ilustraciones para libros, discos y juguetes como por sus elaboradas pinturas para galerías y museos. La ilustración de Ryden, como la de otros muchos autores de la misma corriente, se mueve en los límites entre el encanto y la repulsión, entre lo profundo y lo insustancial, entre lo kitsch y lo religioso.  Rasgos muy similares encontramos en el trabajo de Marion Peck, pintora, ilustradora y esposa de Ryden, otra de las principales figuras en la fundación del Lowbrow. Sus ilustraciones, irónicas y surrealistas, tienen en común con la de Ryden el gusto por la iconografía infantil y una técnica refinada, casi preciosista.

 

La ilustración de Joe Coleman también comparte esa pasión por la técnica refinada y la profusión de detalles, si bien plantea una estética casi en las antípodas de los anteriores artistas. Las pinturas e ilustraciones de este estadounidense representan el lado más enfermizo y subterráneo del movimiento Lowbrow. Su intrincado estilo, inspirado en las tradiciones de pintura clásica, y su discurso en torno a la violencia, la religión, el crimen y la muerte le han convertido en uno de los exponentes más polémicos del Lowbrow art. Compartiendo con Coleman cierto gusto por el horror encontramos al británico Ray Caesar, uno de los padres del movimiento en Europa, cuyo trabajo como ilustrador, pintor y animador conecta los mundos consciente y subconsciente, en un particular universo lleno de sexualidad, horror, humor y belleza. También a camino entre la belleza y la violencia se halla la obra del norteamericano Gary Baseman, claro ejemplo del creador autodidacta e independiente que consigue conquistar tanto a grandes marcas y medios como al entorno de las galerías internacionales. En sus ilustraciones predomina la importancia del mensaje por encima de la técnica, utilizando materiales como lápices de colores, pintura o bolígrafo dentro de una estética vintage, surrealista, tétrica e infantil. Como representante del Lowbrow, Baseman ha esparcido su inconfundible trabajo por terrenos como la moda, la publicidad, los videoclips, los juguetes o la animación, hasta convertirse en artista de culto.

 

La foto de familia de los padres del Lowbrow se amplía con autores como Alex Gross, Camille Rose García, Glenn Barr, Gary Taxali, Kenny Scharf o Kalynn Campbell, creadores con un gran sentido tanto de la crítica como del humor; ilustradores de técnicas diversas y personalísimas estéticas, que han asentado las bases para que la subcultura que fuera el surrealismo pop se haya convertido en la principal corriente artística de nuestros tiempos. Una corriente que ha venido abriendo un camino sin fronteras a toda una generación de jóvenes ilustradores del siglo XXI.

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