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ilustración y moda: trazos paralelos

Por Carolina Arán

 

Las artes y la moda transitan por vías simultáneas que continuamente se entrecruzan y se trenzan, generando su unión paisajes doblemente estimulantes dentro del marco de la cultura. La disciplina de la ilustración comparte con la moda el destino de ser expresión y reflejo inmediato de su momento presente; ambas disciplinas ejercen cierto tipo de crónica social e histórica, con la responsabilidad de ser testimonio y legado visual para las generaciones venideras. Moda e ilustración, medios tremendamente populares, se alían en el siglo XXI más que nunca gracias a las necesidades de la sociedad de consumo y al apogeo del merchandising, los medios digitales y las redes sociales.

 

Dentro de este enclave sociocultural, el oficio de la ilustración de moda vive hoy su segunda edad de oro. A pesar del protagonismo que tiene la fotografía como herramienta publicitaria para el diseño de moda, la ilustración en este medio ha resurgido con fuerza en un terreno más cercano al arte que a la mera representación de prendas y modelos. Alrededor de los años 60 se inicia una agitación en el lenguaje de la ilustración de moda, que comienza una andadura hacia la expresión artística a través de lenguajes propios del Pop Art, la abstracción o el minimalismo. A través de este recorrido, la ilustración de moda se ha ido enriqueciendo con matices cada vez más artísticos y personales, hasta ganarse un hueco en las filas del arte contemporáneo actual. Al igual que la ilustración botánica, la ilustración de moda ha sido y es una tradición mayoritariamente femenina; la mujer supo introducirse a través de ella en las artes de la mano de la moda, materia considerada como “apropiada” para su género cuando el Arte aún parecía ser un asunto masculino.

 

En el panorama actual encontramos ilustradoras/es cuya visión de la moda es diversa, subjetiva e inspiradora, con trabajos que convierten en experiencia y emoción las prendas y conceptos que representan. Creadoras/es que copan las portadas de las más prestigiosas publicaciones especializadas y las paredes de las galerías de todo el mundo, elevando a la categoría de arte sus trabajos para el sector de la moda.

 

Un claro ejemplo es Aurore de la Morinerie, artista e ilustradora francesa, formada en diseño de moda. Bajo el original estilo de su trabajo, espontáneo y preciso, subyace el estudio de la pintura y la caligrafía chinas, que transfiere a sus ilustraciones el poder de bastarse con los trazos justos para conseguir una profundidad artística directa, libre de todo artificio.

 

También con un personalísimo estilo trabaja el artista e ilustrador suizo François Berthoud, en cuya obra, expuesta en todo el mundo, hay una curiosa combinación de influencias de arte Pop y expresionismo alemán. En sus imágenes hay erotismo, sensualidad y vanguardia; Berthoud es uno de esos autores que pueden convertir la ilustración de unas sandalias en una obra de arte.

 

De similar compromiso artístico es el trabajo de Gill Button, pintora e ilustradora británica que se dio a conocer en las redes sociales. Su carrera está estrechamente vinculada a la moda a través de sus encargos para grandes firmas, sin embargo sus ilustraciones no pierden ni un ápice de su sentido artístico y emocional. Su obra se centra principalmente en el retrato, trabajo que desarrolla tanto con técnicas digitales como con óleo y tinta.

 

Al igual que la de Button, la producción de Helen Downie se vio catapultada por las redes sociales, bajo el seudónimo de Unskilled Worker. Esta artista británica autodidacta comenzó a pintar en la mitad de su vida y hoy día trabaja como ilustradora para prestigiosas firmas de lujo. Sus evocadores retratos, de característico estilo y de una melancolía naíf, se subastan en las casas de arte más reconocidas.

 

También circulan como la pólvora por las redes las ilustraciones de In3stable, alias de la joven creadora española Inés Maestre. Su trabajo revela las influencias de la pintura de Lucian Freud, en contraste con las temáticas rabiosamente frescas y actuales de sus retratos de modelos siempre jóvenes. Maestre desarrolla su enigmático estilo a caballo entre técnicas tradicionales y digitales.

 

Dentro de esta diversidad de autoras encontramos incluso voces que reivindican, como la de la ilustradora estadounidense Amber Vittoria. Su trabajo hace un interesante aporte feminista a la ilustración dentro de la moda, industria que continuamente lanza mensajes en contra de la equidad de géneros. Vittoria lucha por la causa desde dentro, a través de sus figuras coloristas y expresivas que engordan y no se depilan, que desafían los estereotipos de belleza femenina.

 

También se aleja de las figuras estereotípicas la ilustración de Natalia Grosner, ilustradora y diseñadora gráfica brasileña. Su trabajo es personal y divertido, sus figurines nada tienen que ver con las estilizadas siluetas propias de la tradición. Lejos de ser maniquíes, sus “modelos” son personajes de proporciones caricaturescas cuya cabeza es siempre un círculo de tinta negra con un rostro triste. Su particular estilo ha cautivado también a las grandes firmas, dando la vuelta a los cánones de la industria.

 

La barrera entre moda y arte se difumina, proliferan negocios como las concept stores, y las calles se inundan de gente vistiendo camisetas con obras de El Greco, Botticelli o Frida Kahlo. Innumerables marcas de moda trabajan en colaboración con creadores de ilustración, reproduciendo sus trabajos en bolsos, camisetas y deportivas. Las colecciones de moda con diseños y estampados de ilustradores son cada vez más frecuentes, tanto en la pasarela como en el comercio a pie de calle.

 

Destaca en este territorio el trabajo de la ilustradora y diseñadora británica Julie Verhoeven, que ha desarrollado su trayectoria tanto en la ilustración de moda como en la creación de colecciones y prendas en colaboración con diseñadores. El ilustrador y pintor español Ignasi Monreal, además de revolucionar la escena de la ilustración de moda, ha llegado a lanzar en 2018 su propia colección cápsula de sudaderas y camisetas. Un paso más allá va el también español Ricardo Cavolo, ilustrador y artista que lanzó en 2017 su propia línea de moda, imprimiendo su genuino estilo a chaquetas, deportivas, bolsos o pins.

 

Vestirnos con iconos del arte contemporáneo es posible gracias a creadores como Takashi Murakami, artista polifacético que acuñó su propio estilo, divertido y neopop, con el término Superflat. Murakami ha colaborado con grandes marcas y diseñadores de moda en colecciones de edición limitada. En todo tipo de prendas aún seguimos encontrando el legado del ya fallecido Keith Haring, ilustrador y artista multidisciplinar. Este estadounidense fue precursor del concepto de marca de artista y, casi treinta años después de su muerte, sus icónicas figuras e intrincados patrones con sabor a graffiti continúan ilustrando todo tipo de prendas.

 

Arte y moda componen un tejido único y resistente, de hilos indivisibles que crean un sinfín de texturas. Se complementan en un enriquecimiento recíproco, cada uno hace de soporte del otro como en un juego de espejos, en una suerte de meta-arte que no tiene principio ni fin.

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