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ilustración urgente: salvemos el planeta

Por Carol Arán

 

La ilustración ha sido siempre un territorio fértil para las semillas de la denuncia, un vehículo esencial para divulgar el despertar de la conciencia a través de todos los medios. Gracias a la revolución digital y las redes sociales, hoy más que nunca es una herramienta efectiva y directa que hace correr como la pólvora la crítica y el compromiso con causas por las que luchar. Causas como la defensa del medio ambiente, una de las mayores preocupaciones de la sociedad actual, que encuentra su voz en el trabajo de innumerables ilustradores que afilan los tonos más verdes de sus cajas de lápices. Ilustraciones encargadas de difundir el grito de alarma ante los desastres provocados por “la gran tribu humana”, al rescate de la Tierra y, por consiguiente, de nosotros mismos.

 

Un mundo sin una ética ecológica es igual a muerte, eso lo saben ilustradores veteranos como el japonés Hayao Miyazaki, célebre cofundador de los estudios de animación Ghibli y uno de los mayores genios de la ilustración contemporánea. La preocupación por el medioambiente y el respeto por la naturaleza están presentes en su obra, particularmente en películas como “Nausicaä del Valle del Viento” o “La Princesa Mononoke”, dirigidas en principio al público infantil. Y es que la labor de acercar una educación responsable a las nuevas generaciones es tarea imprescindible de quienes ilustran para los más pequeños. Autores que con sus álbumes y libros buscan una reconexión de la infancia con el medio natural y recuerdan a los padres que hay que dejar que los niños se manchen de tierra, naden en el río y jueguen con los animales. Es el caso de la ilustradora española Olga de Dios, que con álbumes infantiles como su “Rana de Tres Ojos” educa a los más jóvenes en el cuidado del medio ambiente y en los efectos adversos de un sistema no sostenible. Ilustrando para niños inteligentes que no temen a la realidad trabaja también desde España Roger Olmos, ilustrador cuya obra más personal, “Sin palabras”, busca sensibilizar a grandes y pequeños sobre nuestra relación con los animales a través de las diferentes industrias, con un entrañable estilo propio que no duda en poner el dedo en la llaga. “Natcha”, de la ilustradora francesa Mélodie Baschet, es otra interesante propuesta para el público infantil en materia de reconexión con el medio. Con este su primer álbum ilustrado para niños, la autora plasma la trascendencia del poder de la naturaleza a través de los colores salvajes de su flora y su fauna.

 

Aún en mayor medida que los niños, la juventud contemporánea está expuesta constantemente a esta reivindicación a través de las redes sociales. Conocido es el activismo digital de Hannah Rothstein, ilustradora y pintora norteamericana que conciencia a la progenie millenial con imágenes de parques nacionales convertidos en paisajes post-apocalípticos. Hannah abre los ojos a las nuevas generaciones ante el cambio climático con el favor de herramientas como las redes sociales. En éstas hemos visto surgir el trabajo de jóvenes ilustradoras activistas como la británica Kate Louise Powell, que difunde con lápices de colores su mensaje de celebración de la naturaleza y de amor a todos los seres vivos sin distinción, haciendo hincapié en temas como el cambio climático o la crueldad hacia los animales. Este mensaje de respeto sin concesiones incluye también la lucha por los derechos de la mujer, rasgo que encontramos igualmente en la obra de la ilustradora brasileña Camila Rosa. Como el de Kate, el trabajo de Camila es muy popular en redes sociales, y plantea una reflexión sobre feminismo, veganismo y liberación animal en sus ilustraciones de colores planos. En el panorama nacional, también hay jóvenes ilustradoras que circulan por las redes de la mano del feminismo y el veganismo, como es el caso de Mercedes DeBellard. Es conocida principalmente por sus retratos femeninos, pero promueve su planteamiento animalista a través de colaboraciones con plataformas por los derechos animales. En 2018 introdujo la “uve verde”, símbolo del veganismo, camuflada en sus carteles para la Feria de San Isidro, señal de su compromiso con la causa.

 

La clásica tradición de protesta social renovada por los medios digitales nos ofrece una riquísima escena de ilustradores que practican el activismo de todo un abanico de causas, incluyendo casi todos ellos el compromiso con el planeta. Conocida es la obra de la ilustradora y artista británica Sue Coe, cuyos pilares son la crítica social contra el capitalismo y el abuso de poder del humano sobre el animal. Sus ilustraciones son una bofetada tenebrista a la parálisis de la insensibilidad ante un mundo en peligro. El polaco Pawel Kucynski inunda las redes con su trabajo de denuncia mediante su ilustración satírica, que emite críticas creativas ante diversas problemáticas actuales, como es la preocupación por el medio ambiente y los devastadores efectos de su sobreexplotación. También expone distintas temáticas en su activismo de denuncia el ilustrador italiano Davide Bonazzi, en cuya obra la protesta se vuelve poesía visual, con la habilidad reivindicar temas como la necesidad de cuidar el planeta a través de imágenes amables y conceptuales. Al listado de ilustradores actuales que lanzan entre otros el mensaje ecologista a través de imágenes conceptuales y creativas se suman otros reconocidos nombres como el del canadiense Sébastien Thibault, el del nigeriano Fred Martins o el del alemán Steffen Kraft “Iconeo”.

 

De la unión entre artes y ciencias también surgen voces de reconciliación con la naturaleza, como es el caso de la científica y artista estadounidense Jill Pelto. En sus ilustraciones representa los efectos del cambio climático a través de gráficos cuyos protagonistas son océanos, animales y glaciares de acuarela. También desde la ciencia, concretamente desde la botánica, la británica Inky Leaves nos invita a una mentalidad más verde con sus ilustraciones vegetales. Su minucioso trabajo de estudio de las plantas tiene el poder de generar conciencia a través de la belleza botánica.
Como criaturas visuales que somos, no hay mejor manera de impactarnos con un mensaje que a través de nuestra retina, y ese es el gran poder con el que cuenta la ilustración que cada día se cruza en nuestro camino. Por suerte, existen ilustradoras e ilustradores que aceptan la responsabilidad de ese poder y lo ponen al servicio del activismo más urgente, como un arma de defensa silenciosa para proteger lo más primario y sagrado, lo más necesario y esencial: la armonía de nuestro planeta Tierra. Creadores encargados de prender la llama de un sentimiento colectivo de empatía por el ecosistema, de recordarnos que no estamos solos aquí, que sin árboles ni agua ni abejas nuestra existencia no sería posible, que en nuestras manos está el cambio hacia una vida con conciencia medioambiental, más allá de nuestras propias narices.

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