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ilustración: una introducción contemporánea

Por Carolina Arán

 

La ilustración ha supuesto una de las mayores revoluciones culturales de los últimos siglos. Desde su nacimiento en el siglo XV con la imprenta, esta disciplina ha propiciado como ninguna que la creación visual saliera de los museos y los incunables, para llegar a un público mucho más global. Es el en siglo XIX, con el desarrollo de nuevas técnicas de impresión como la litografía, cuando la ilustración vive su primera época de oro, convirtiendo al ilustrador en el creador que conquista territorios y sacude la historia pasada. Desde entonces esta disciplina no ha hecho más que crecer, extendiéndose a través de diferentes medios tales como la publicidad, la literatura, la ciencia o la prensa. El ilustrador se ha convertido en testigo y reflejo del espíritu y del lenguaje visual de su época, haciendo visibles las corrientes culturales de cada momento en la comunicación de masas de nuestra sociedad actual.

 

Según la RAE, una ilustración es una “estampa, grabado o dibujo que adorna o documenta un libro”. Para aclarar el término, no exento de confusión y de cierta controversia para muchos, podríamos actualizar esta definición diciendo que una ilustración es una representación visual realizada para ser reproducida, en soporte físico o digital, independientemente de la técnica con la que se haya ejecutado la obra original. Por tanto, la ilustración no deja de ser  un conjunto de artes al servicio de una función, ni el ilustrador una combinación de artista y técnico que, igual que trabaja en artes aplicadas, puede descontextualizar su trabajo y llevarlo a exposición para ser apreciado como una obra de arte.

 

Tras siglos de crecimiento, el panorama de la ilustración actual es diverso y apasionante; expresivo, ingenioso, ecléctico y muy prolífico. Influido por todos los movimientos artísticos anteriores y con un amplio abanico de posibilidades técnicas y tecnológicas a su favor, el ilustrador ha crecido especializándose y trabajando en medios tan diferentes como la publicidad, la moda, el humor gráfico, la editorial o el vídeo-juego. Su trabajo se ha diversificado y enriquecido con múltiples facetas creativas como las artes plásticas, el arte urbano, el diseño de producto o la creación digital para medios audiovisuales.

 

El gigante que es hoy día la ilustración está más vivo que nunca, y se nos muestra como abanderado sin fronteras de las diferentes tendencias y movimientos artísticos de nuestro tiempo. No podemos hablar del Neo-pop, el Minimalismo, el Lowbrow, o el Superflat sin mencionar a Keith Haring, Yakoi Kusama, Gary Baseman o Takashi Murakami, creadores polifacéticos cuyas ilustraciones nos han dejado la impronta de su época, nutriéndose de diferentes disciplinas y generando estilos eclécticos, tan personales como universales. La escena actual ofrece un innumerable listado de nombres y técnicas que son punta de lanza en el proceso de convertir la ilustración en una de las principales formas de comunicación en nuestros días. Nombres como el del estadounidense Mark Ryden, cuyas obras a lápiz y óleo han asentado las bases del surrealismo pop hasta sacralizarlo, o el del japonés Hayao Miyazaki, director y productor de cine de animación, ilustrador, animador, y cofundador del célebre Studio Ghibli, uno de los más reconocidos estudios de animación en el mundo actual. Creadores multidisciplinares como Brian Despain, cuyas pinturas, esculturas y creaciones digitales fantásticas han conquistado la industria del vídeo-juego, o el alemán Michael Kutsche, notorio ilustrador y diseñador de personajes para cine, que combina medios tradicionales y digitales. En el presente continúan surgiendo nuevas generaciones y nuevos lenguajes, como el de la diseñadora y animadora rusa Alexandra Zutto, el de la española María Herreros, ilustradora de técnicas tradicionales y uno de los referentes actuales, o el de James Jean, ilustrador y muralista taiwanés-estadounidense, reconocido en la industria del cómic actual. Un panorama internacional de autores con estilo propio e inconfundible, cuyos trabajos podemos encontrar tanto en encargos comerciales como en galerías de arte, y que van de la mano de una amplia paleta de medios, técnicas, personalidades y discursos.

 

En el siglo XXI podemos decir que el trabajo del ilustrador se ha convertido en un vehículo imprescindible para la comunicación personal y corporativa, que nos rodea por todas partes y a través de todos los medios. Gracias a los nuevos recursos, materiales y técnicas, y a una imaginación global, inquieta y desbordante, la ilustración vive un brillante apogeo en nuestros tiempos y nos hace a todos testigos y partícipes de su nueva y prometedora edad de oro.

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