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guille rancel: magia a golpe de dibujo

Por Carol Arán

 

Cuando oficio y pasión se unen en una conjunción perfecta es cuando surgen los trabajos más genuinos y creativos en el arte de ilustrar. Obras generadas a base de horas y horas de trabajo, horas consumidas por el amor al trazo, trazo conquistado a fuerza de empeño. Contemplar la ilustración de Guille Rancel hace pensar que su creador definitivamente se ha hecho dueño de un estilo propio a golpe de dibujo, que la magia de sus líneas y colores no es sólo fruto de un talento natural.

 

Rancel es uno de esos ilustradores y animadores que nos recuerdan la enorme labor que hay tras una obra infantil o juvenil, el abanico de matices que hacen brotar la chispa de un dibujo, la cantidad de lápices gastados sobre el papel que es necesaria para llegar a dominar la animación. Y es que este tinerfeño, a pesar de trabajar con medios digitales, no ha abandonado nunca las técnicas tradicionales en la exploración hacia su estilo característico. Su formación en Bellas Artes queda patente en el uso del lápiz y la acuarela en sus obras más personales, y en la profundidad pictórica de sus trabajos digitales, que la alejan de cualquier tipo de frialdad tecnológica.

 

Pero en la conquista del estilo la constancia no es nada sin un buen puñado de imaginación, y de eso también puede presumir la producción de Guille Rancel. Como especialista en diseño de personajes, ha dado vida a todo un efervescente imaginario que propone un retorno al pensamiento mágico infantil, un abrir las puertas al mundo de fantasía que se esconde más allá de lo salvaje del bosque, lejos del tedio de ser adulto y de los estereotipos de princesas y caballeros al rescate. Sus personajes dan forma a un catálogo de hechiceros, exploradoras y guerreros de una imaginación fresca, tierna y muy vinculada a la naturaleza. Monstruos primitivos, ogros calavera y chamanas del cartoon cabalgan a lomos de lobos ancestrales, abriéndose camino por senderos de flora insólita. Criaturas que nunca se aburren, que siempre tienen aventuras por vivir, que gritan que la mitología no es sólo cosa del pasado. Las escenas que Rancel ilustra desprenden cierto halo sobrenatural que nunca da miedo, un misterio que reconforta e invita a la curiosidad de adentrarse en sus colores. Sus personajes viven en tribus lejos del mundanal ruido, aunque no tienen edad rara vez son adultos, y nos hacen sonreír y soñar cuando vislumbramos en sus grandes ojos el reflejo de una hoguera legendaria. Nunca pierden la esperanza y albergan una mezcla de humor, ternura y un sentimiento atávico y espiritual, como de viaje iniciático entre animales tótem.

 

En términos técnicos, destaca en el trabajo de Guille Rancel un exquisito dominio del dibujo, en el que predomina una línea curva, precisa y desenfadada, y un tratamiento del color y la textura planteado desde la intención pictórica. Los personajes que diseña, nunca estáticos, cobran vida a través de infinidad de rasgos y detalles, y de una maestría en trazar figuras producto del constante ejercicio. No es casualidad que fuera uno de los elegidos para ilustrar el segundo volumen de “Masters of Anatomy”, colección de libros de diseño de anatomía y personajes destinada al público especializado, donde Rancel comparte páginas con creadores de Disney, Pixar o Marvel. Una voluntad de animador de vieja escuela late en todas las disciplinas que este creador desarrolla: ilustración, animación 2D, diseño de personajes, humor gráfico, dirección de arte y concept art. En su blog “Jaque Primate” pueden verse y disfrutarse algunos de sus demo reels y trabajos previos para animación; conceptos y sketches en movimiento a un son retro, personajes de línea clara aún desnuda de color y atmósfera, que nos remiten al oficio de antaño, de cuando el dibujo lo era todo. Esta sensación se percibe tanto en su trabajo por encargo como en su obra personal, que inunda las publicaciones de sus transitadas redes sociales. Muy activo en los medios digitales, este prometedor ilustrador ofrece a sus seguidores un vasto muestrario de su producción en todas sus facetas, y un álbum de seres indómitos que parece no tener fin.

 

Desde su universo mágico y atemporal, las criaturas que pueblan las obras de Guille Rancel se nos muestran como los hijos silvestres de un talento forjado a lápiz y papel. Personajes libres de mirada limpia, herederos de alguna etnia aventurera que no cree en hacerse mayor, ni mucho menos en abandonar las armas de sus pinceles en la batalla de la fantasía.

 

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