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cuentos de hadas e ilustración: la reinterpretación visual de historias

Por Gabriela Quiroz

 

Los cuentos de hadas son una reflexión simplificada de nuestra compleja humanidad, sostienen verdades intrínsecas de lo que soñamos y profundamente tememos, exhiben lo mejor y lo peor de nosotros, y poseen el poder de acallar la incertidumbre del futuro, inspirarnos y transformarnos. Pero más allá del texto, son las ilustraciones de tales historias las que cautivan los sentidos, abren paso a la imaginación, y se hospedan en la memoria con cada línea y color, sobrepasando los límites del lenguaje. Son esas imágenes cruciales, en las que los ojos se pierden, las cuales abrazan la esencia del cuento y al final, la anclan al corazón y a la mente del observador. Y es la interpretación propia de cada ilustrador la que traduce la magia, intensifica la emoción, y hace efectivo el poder narrativo del cuento. Por lo tanto, cada uno de ellos puede ser contado visualmente de mil formas diferentes, dependiendo de la reinterpretación subjetiva que cada artista plasma.

 

La cantidad artistas que ilustran cuentos de hadas es vasta y por consiguiente, las interpretaciones visuales de una misma historia son sumamente variadas; desde las más grotescas, oscuras, y literales hasta las más coloridas, llenas de exagerada felicidad, o abstractas. La romántica interpretación gráfica de los cuentos de hadas de Disney, por ejemplo, contrasta drásticamente con el fatalismo oscuro de las ilustraciones antiguas de los cuentos de hadas rusos.

 

Otro ejemplo son las ilustraciones del gran artista ruso, Ivan Bilibin, quien en 1899, ilustró el cuento de Valilisa. Influenciado por el folclor ruso, Art Nouveau, e impresiones tradicionales japonesas, Bilibin, nos presenta a Vasilisa, víctima de la maldad de su madrastra y hermanastras, como una joven bella vestida humildemente y sosteniendo un cráneo como linterna que irradia luz en el bosque. Detrás de su estoica y detallada figura, se esconde una casita rodeada de cráneos y huesos humanos. La ilustración nos presenta con una historia tenebrosa, con líneas gruesas, en medio de un bosque nocturno, donde Valilisa aparece fuerte y supernatural. Llena de una paleta de colores desvaídos y tonos tierra, la imagen queda atrapada dentro de un borde adornado con elementos decorativos de arte folklórico. Por otro lado, en 2015, surgió una nueva versión de la misma historia en el trabajo de la ilustradora Ana Morgunova en el libro Valilisa la Bella, en el cual Morgunova nos recuenta la historia en estilo moderno de una Valilisa llena de color y brillo, cayendo o flotando en posiciones vulnerables, con ilustraciones llenas de imágenes sobrepuestas, con plantas y animales gigantescos; una visión casi cósmico metafísica de la protagonista, y completamente diferente de la historia clásica que Bilibin había interpretado hace más de un siglo atrás.

 

La reinterpretación de uno de los cuentos más populares es la de Alice’s Adventures in Wonderland, inicialmente ilustrado por John Tenniel en 1865 usando técnicas tradicionales de sombreado transversal. Las imágenes, a blanco y negro, presentan a una Alicia harta, débil e infeliz en un mundo increíble de personajes irreales como se puede ver en la ilustración de Alicia tomando té con el Conejo Blanco y el Sombrerero. Dos ilustradores modernos nos presentan dos interpretaciones muy diferentes de esa versión original. Uno de ellos es el ilustrador surreal mexicano, Gabriel Pacheco, quien influenciado por el arte de Hieronymus Bosch, representa la misma escena en una imagen minimalista, angular, con tonos monocromáticos, y texturas de mancha, que en su totalidad es bellamente escalofriante. La otra ilustradora es la reconocida Alexandra Zutto, quien nos presenta una versión divertidísima y única de ilustración digital y estilo moderno. Zutto nos regala una Alicia dueña de sí misma, vestida y sumergida en una explosión de colores y de líneas curvas en una imagen que se expande verticalmente. El mundo de Alicia está contenido en una mini isla en la que Alicia es la figura prominente y los otros personajes y elementos alrededor de ella sugieren una curiosa alegría.

 

Al final, gracias a la multi-traducción visual de cada ilustrador, podemos disfrutar de un compendio amplio de versiones variadas de cuentos. Cuentos que aún nos alcanzan y nos conectan con esas carencias, temores, aspiraciones, nos recuerdan la belleza de cada historia, para las cuales el medio de la ilustración es ideal y necesario. Gracias a todos aquellos artistas que nos bendicen con su talento el “Érase una vez…” nunca tendrá un final.

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