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cómic autobiográfico: en las antípodas del súper-héroe

Segunda parte, escena nacional
Por Carol Arán

 

En España el boom del cómic adulto tardó en llegar más que a los EEUU y, por las mismas razones sociopolíticas, la historieta autonarrativa también se demoró alguna década más en empezar a despuntar en nuestro país. Sin embargo y a pesar de su leve trayectoria inicial, el género autobiográfico se ha consolidado durante los últimos diez años como uno de los favoritos entre las nuevas generaciones de público comiquero. Y es que en el fondo los/as españoles/as siempre nos hemos creído más las historias de cualquier hijo de vecino que las de los deslumbrantes súper-héroes de capa al viento. Identificarnos con individuos imperfectos y posibles nos reconforta: no es casualidad que las principales escuelas del tebeo del siglo XX inundaran los hogares españoles con personajes tan de andar por casa como Rompetechos, Zipi y Zape o Filemón.

 

Precisamente durante ese período, mucho antes de la explosión underground, surge el primer pionero de la autoficción en la España de los 60, Manuel Vázquez Gallego “Vázquez”. Autor de famosas series de la mano de la Escuela Bruguera, Vázquez se retrata a sí mismo a lo largo de su trayectoria entre la hilarante ficción y la realidad exhibicionista, presentándose como un sin vergüenza estafador, cuentista y pícaro. Con trabajos como “El Gran Vázquez” o “Yo, dibujante al por mayor” tiende los puentes a todo un género que, si bien tardará en despegar, ya no temerá en absoluto a la autoburla. Es a finales de los 70 cuando el cómic en primera persona comienza a generar obras de peso en el territorio ibérico. Se inicia el llamado boom del cómic adulto en el país, que se sacude el polvo de la dictadura con un underground made in Spain, extensible hasta los 90. Precursor de este boom inicial es el historietista Carlos Giménez, figura adelantada en la narrativa autobiográfica, que no empieza a publicar en España hasta 1975. Su autoficción es definitiva en la evolución del género, con obras como “Paracuellos”, “Barrio” o “Los Profesionales”, donde plasma sus diferentes etapas vitales con un estilo armonioso y un mensaje comprometido. En los 80 el cómic alternativo está ya en plena efervescencia en la península, y surgen creadores como Miguel Gallardo, vinculado al mundo underground y heredero de la Escuela Bruguera. Conocido por sus trabajos para publicaciones como “El Víbora” y por icónicos personajes como “Makoki”, Gallardo ha explorado el terreno de la autoficción en las últimas décadas. Obras como “Tres viajes” o “María y yo” forman parte de su anecdotario personal, al igual que “Emotional World Tour”, que publica en colaboración con Paco Roca para hacer un repaso a las vivencias en torno a la promoción de sus propios cómics. Otro veterano del cómic autobiográfico en castellano es Ramón Boldú, dibujante que colabora con prensa satírica, revistas eróticas y cómic alternativo. A partir de los 90 comienza a publicar su obra más personal, con trabajos como “Bohemio pero abstemio” o “Memorias de un hombre de segunda mano”, en los que sigue la estela del underground americano, dibujándose a sí mismo sin piedad en su peculiar trayectoria de vida.

 

Desde principios de los 2000 comienzan a asimilarse las anteriores etapas en el cómic patrio, tras la desaparición de populares publicaciones alternativas comienzan a surgir editoriales independientes, eventos temáticos y autores dispuestos a dar rienda suelta a las confesiones gráficas. Vinculado a este reinicio del panorama encontramos a autores como Albert Monteys, uno de los máximos representantes de la historieta de las últimas décadas. Monteys es conocido principalmente por su trabajo para El Jueves con la serie “Para ti que eres joven”, que realiza junto a Manel FontdeVila, una suerte de guía de temas de interés para su generación, presentada por los propios autores. Pero el paso definitivo a la autobiografía lo da con “El show de Albert Monteys”, serie de tiras en primera persona y tono de comedia absurda en las que se ríe de su propia caricatura y sus hilarantes peripecias. El género encuentra pronto un soporte recurrente con el apogeo definitivo de la novela gráfica alrededor de la primera década del siglo XXI. Uno de los referentes de esta etapa es el ya mencionado Paco Roca, que ilustra con su costumbrismo autobiográfico las páginas de obras como “Memorias de un hombre en pijama”. En este volumen, recopilación de tiras cómicas de prensa, el autor describe su vida como la de un ilustrador con más de cuarenta años que ha cumplido su sueño infantil: quedarse en casa y no quitarse el pijama. En esta hornada del nuevo siglo, Juanjo Sáez hace de este género un estilo personal con voz propia. Toda su obra tiene un componente autobiográfico, de una honestidad a tumba abierta. Con títulos como “Viviendo del cuento”, “El Arte, conversaciones imaginarias con mi madre” o “YO, otro libro egocéntrico”, este ilustrador e historietista de franqueza tierna y ácida narra sus vivencias y recuerdos, sus sueños y relaciones, con un estilo espontáneo y sin pretensiones, en el que el mensaje prevalece sobre la técnica.

 

En cuestiones de género nunca fuimos los más adelantados, y la mujer ha tardado en poder hacerse un hueco en el mundo del cómic ibérico. En la última década y con ayuda de las redes sociales y los medios digitales, han surgido voces femeninas en el camino de la autoficción, como la de Mamen Moreu, ilustradora, historietista y colaboradora en El Jueves y TMEO. Los personajes de sus monográficos, si bien no son legítimamente «autobiográficos», toman inspiración en sus vivencias cotidianas, narradas con un humor gamberro en obras como “Resaca” o “Desastre”. Agustina Guerrero, argentina afincada en España, es una de las representantes de la nueva ola de autoras en la escena nacional. Su personaje “La Volátil” da forma a su diario vital, nacido de un blog y convertido en libros como “Diario de una volátil” o “A calzón quitado”; en los que muestra el periplo de cotidiano de una treintañera del siglo XXI, un alter ego cómico y exagerado.

 

A pesar de tener sus detractores, que acusan a los autores de ser aburridos o exhibicionistas, el movimiento autobiográfico se ha hecho con las estanterías de nuestras tiendas de cómics. Se ha convertido en un género adulto y diverso, creciendo a través de todo tipo de estilos, desde la tira cómica hasta la novela gráfica, ofreciéndonos un extenso repertorio de autores que dibujan sus vidas sin pudor ni miedo. Un género en el que prevalece el individuo sobre la colectividad, y que sin embargo nos hace conectar de inmediato, sabiendo que todos podemos ser, en algún momento, ese individuo caótico y confuso que vive lo que le toca vivir.

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