fbpx

alejandro villén, educar sentimentalmente con imágenes

Por Sebastián Gámez Millán

 

Las ilustraciones de Alejandro Villén se parecen sospechosamente a Alejandro Villén: sus colores luminosos, no elegidos de manera arbitraria, tal como es habitual en no pocas tendencias contemporáneas, despiertan en nosotros sentimientos de humor y simpatía, que son esenciales para desarrollar nuestra humanidad. Gracias al humor, somos más comprensivos, flexibles y tolerantes a la diversidad, que es consustancial a la naturaleza humana y de cualquier otra especie; y gracias a la simpatía, podemos identificarnos antes y mejor con los “otros”, deshaciendo esa frontera imaginaria que levantamos entre “ellos” y “nosotros”.

 

De este modo podemos reconocer que “todos somos nosotros”. El sentimiento de “simpatía” se encuentra estrechamente vinculado con otros sentimientos sin los cuales es inconcebible la humanización, como la “empatía”, “la compasión”, “la piedad” (según la definición de María Zambrano, “saber tratar con lo otro”), “la solidaridad”… A juicio del escritor mexicano Jorge Volpi, “una de las funciones centrales de la ficción literaria es colocarnos en el lugar de los otros: al hacerlo, no sólo nos preparamos para futuros posibles sino que, al sucumbir a otras vidas y otras emociones, aprendemos quiénes somos nosotros mismos” (Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción, Madrid, Alfaguara, pp. 155 y 156).

 

Hasta la fecha, el proyecto laboral más ambicioso que ha llevado a cabo Alejandro Villén es ilustrar un libro sobre la figura de Bernardo de Gálvez, escrito por el reconocido autor Guillermo Fesser, por encargo de la prestigiosa editorial Santillana (USA), dentro de la colección Personajes del Mundo Hispánico, que trata de reivindicar el papel de figuras iberoamericanas (Colón, Cervantes, Simón Bolívar, José Martí, Pablo Picasso, Pablo Neruda, García Márquez) y construir puentes culturales entre la comunidad norteamericana y la iberoamericana.

 

Aunque posee no pocos méritos y valores, entre ellos un relevante papel en la llamada Guerra de la Independencia, el profesor, político y militar Bernardo de Gálvez (1746-1786) es una figura histórica bastante desconocida, sobre todo en España (donde significativamente aún no se ha distribuido el libro, a pesar de que sus autores son españoles, y versa sobre alguien español). Sin embargo, una estatua de Bernardo de Gálvez se erige junto con las estatuas de los libertadores en Washington D. C. Y el 16 de diciembre de 2014, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, firmó la resolución conjunta del Congreso por la que se concedía la ciudadanía honoraria de este país a Bernardo de Gálvez (229 años después del fin de la Guerra de la Independencia).

 

En 2018 una ilustración de Alejandro Villén que muestra el conflicto cívico-político de los vecinos del centro de Málaga y los turistas, representados en una composición que rememora la célebre La rendición de Breda (1634-1635), de Velázquez, se convirtió en viral. Al lado izquierdo del espectador, aparecen los vecinos, que han recibido un burofax para que abandonen sus pisos de alquiler, próximos a convertirse en apartamentos turísticos. Una mujer con un carrito de compra ocupa la posición y el gesto de Justino de Nassau. Por el otro lado, aparecen banderas con los logotipos de empresas turísticas, individuos que vienen de una despedida de soltero, otro con una cerveza en una mano al tiempo que se hace un selfie… Ambrosio Spínola es ahora un turista rubio con una maleta. Esperemos que alcancen un acuerdo beneficioso y civilizado, respetando las normas de ciudadanía y permitiendo un turismo saludable.

 

Curiosamente, esta imagen, que Alejandro Villén liberó de derechos de autor a fin de extender la visibilidad del problema actual representado, se ha difundido en otras ciudades con idénticos conflictos. Es un ejemplo del poder universalizador del arte, y de la imaginación ético-política de Alejandro Villén, que me confiesa que antes que otra cosa es vecino. Por otro lado, no es fortuita la alusión al genio de Velázquez, que junto con Bill Watterson y Norman Rockwell, son referentes constantes en su trabajo como ilustrador.

 

Suele comenzar las ilustraciones a mano, pero sigue casi todo el proceso de creación en digital. Principalmente trabaja por encargos: primero analiza y valora el proyecto que recibe, a lo que responde con bocetos por medio de ejercicios de ensayo y error. Le presenta este trabajo a quien contrata su servicio y, si le parece bien, lo lleva a cabo con algunas correcciones. Se trata de un método adecuado al cliente y al ilustrador. Reconoce que es directo y que se guía habitualmente con esta pregunta: ¿Qué tiene que contar esta imagen? Posee una ética del trabajo. Más allá de los clientes, tienes compromisos con tu profesión: en primer lugar, quizá, cómo afrontar cada trabajo, con qué sinceridad y responsabilidad…

 

En medio de los conflictos sin fin del mundo globalizado en el que convivimos, aguardemos que éticas del trabajo como la de Alejandro Villén, junto con una imaginación ético-política como la suya, nos permitan seguir construyendo puentes entre personas, grupos y culturas que nos ayuden a reconocernos, no como “nosotros” y “ellos”, sino más bien como humanos.

En dondedore.com utilizamos cookies propias y de terceros para poder informarle sobre nuestros productos, mejorar la navegación y conocer sus hábitos de navegación. Si acepta este aviso, continúa navegando o permanece en la web, consideraremos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de Cookies.