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a la luz de la ilustración

Por Carolina Arán

 

Luz y color, uno de los binomios más poderosos en el terreno de la ilustración. Nuestro cerebro reconoce forma, volumen y textura a través de la luz; gracias a ella se tornan creíbles la perspectiva, los contornos o la ubicación en el plano del objeto dibujado. En el aspecto metafísico, la representación de luces y sombras nos abre camino a infinitas emociones y conceptos, a diferentes momentos en el tiempo, a vibrar en el plano del mundo posible o de la realidad fantástica. La luz invita a interpretar la imagen bidimensional como un espacio habitable. Su uso es clave para que abandonemos la idea de mirar una obra para empezar a experimentarla.

 

Maestra en este arte es Rebecca Dautremer, ilustradora francesa de reconocido trabajo en el mundo editorial. En su producción, luz y color vienen marcados por un planteamiento fotográfico y las influencias de la pintura clásica, rasgos que refleja inconfundiblemente en sus texturas, profundidades y claroscuros. Trabaja principalmente con capas de gouache, mediante las que consigue imágenes mágicas y poéticas, detalladas y evocadoras, de una belleza onírica, no exenta de cierta melancolía, que alcanza a niños y mayores.

 

Continuando con autores cuyo manejo de la luz conlleva el de la evocación poética es inevitable nombrar a Dave McKean, ilustrador y diseñador británico. La exquisita luz en su obra logra reflejar dramatización, surrealismo, espiritualidad. Con una combinación de técnicas tradicionales y digitales transforma el cómic en una experiencia sensorial y extrasensorial, casi mística. Su ilustración nos sumerge en estados oníricos o pesadillescos mediante texturas suaves y expresivas y una luz intensa, difusa y difícil de olvidar.

 

Compartiendo luz evocadora encontramos al francés Benjamin Lacombe, ilustrador y pintor de trabajos basados en una caricaturización refinada, con un estilo inspirado en el Romanticismo, que desarrolla mediante distintas técnicas. La luz y la oscuridad en Lacombe son encantamiento y delicadeza, preciosismo y poesía, con una estética en la que pasado y presente se funden con nostalgia y simbolismo.

 

Algunos ilustradores hacen del uso de la luz el motor de una máquina del tiempo; la iluminación en sus imágenes nos remite a golpe de vista a otros momentos y épocas. Es el caso de Pascal Campion, destacado ilustrador y animador franco-americano. En su obra saboreamos un gusto deliciosamente retro gracias a su dominio de la luz y del color. Sus sintéticos dibujos digitales contienen sin embargo una calidez y una emoción que nos convencen de ser nosotros quienes protagonizamos sus escenas cotidianas. Perspectiva, armonías de colores planos y trazos desdibujados son iluminados por la magia del momento, capturada con maestría por este ilustrador.

 

Evocando también tiempos pasados mediante colores planos desarrolla su trabajo el italiano Emiliano Ponzi, ilustrador cuya obra propone un lenguaje conceptual, sencillo y directo, casi geométrico, en el que el uso de la luz consigue atmósferas tranquilas y soleadas que nos transportan a otras décadas. Luz, color, composición y textura definen la de Ponzi como una ilustración que utiliza los elementos esenciales para acelerar nuestro viaje en el tiempo.

 

Similar en este aspecto es el trabajo de Brian Edward Miller, ilustrador y diseñador gráfico estadounidense. Sus atmósferas nos remiten a los 70 a través de la luz y la textura. Combinando técnicas digitales y tradicionales, Miller trabaja en blanco y negro para implantar la luminosidad de la imagen, antes de introducir el posterior color en sus escenas fantásticas e históricas.

 

En la ilustración actual encontramos artistas cuya obra salta de lo bidimensional a lo sensorial gracias también a un extraordinario empleo de la luz. Obras que nos sugieren que, si acercamos los dedos, podremos acariciar el objeto representado. En este grupo cabe destacar el trabajo de C.J. Hendry, artista autodidacta australiana que ha desarrollado una particular técnica hiperrealista. Para sus dibujos de gran formato de objetos, Hendry toma previamente cientos de fotografías para captar después cada ángulo, dimensión, sombra y brillo con una precisión admirable.

 

Igual de impactante y de aparentemente tangible es la obra de Jorge Dos Diablos, ilustrador, pintor y diseñador mexicano. Partiendo de una óptica mucho más tenebrista, su trabajo contiene una luz que atraviesa las texturas del horror; sentimos que casi podemos tocar la piel grotesca de sus deformadas criaturas. Su juego de colores brillantes e inusuales ilumina los rostros que viven en las tinieblas interiores.

 

La pasión por la herramienta de la luz es compartida también por creadores que exploran con ella lo cósmico y lo abisal. Entre ellos la ilustradora y pintora argentina Peca, creadora de imágenes oníricas y cósmicas, que utiliza una luz mágica y casi espiritual en sus inquietantes escenas, fantásticas e introspectivas. En su trabajo los astros brillan en la oscuridad del subconsciente y las criaturas mitológicas centellean con colores de neón.

 

Bajo la misma Vía Láctea encontramos la obra de Tara McPherson, pintora e ilustradora estadounidense que hace de la luz la eterna coprotagonista de sus escenas femeninas. Inspirada por la bioluminiscencia abisal, dibuja y pinta desde su mundo interior y cósmico con una paleta de verdes, azules y rosas pálidos e iridiscentes.

 

La iluminación juega con nosotros, manipula a su antojo nuestra percepción del tiempo y del espacio. Tiñe de misterioso flúor las emociones allá por donde pasa y evidencia la oscuridad de los rincones que no transita. Se reinventa y fluye atravesando días y noches, provocando sensaciones personales y universales. Su vehículo puede llevarnos a través del tiempo por parajes celestiales, bañados por haces de luz dorada y reconfortante, y por terrenos sombríos, a la luz de las tinieblas más profundas. La herramienta de la luz es una llave maestra, mágica e infalible, que la ilustración tiene para abrir las puertas de la experiencia visual. Los ilustradores que dominan la luz son magos y maestros en el arte de plasmar la impronta de un momento que quizá nunca existió, pero que deseamos habitar una y otra vez.

 

 

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